El Arte y la Vida

"El otro día soñé que Kim Gordon, la bajista y cantante de Sonic Youth cuidaba de mi abuela, el sueño no se acabó de borrar y va reapareciendo en mi mente.
He intentado buscar explicaciones, ya que me desconcertó mucho. No veía relación entre Kim Gordon y mi abuela.

Empecé a pensar qué representaba para mí Kim Gordon y me di cuenta que es uno de mis grandes ídolos, como para mi abuela lo debe de ser la Virgen o Jesús.

El sueño era muy tranquilizador, en el fondo mi abuela estaba en manos de una "diosa" del ARTE."


Juanjo Sáez. El Arte: conversaciones imaginarias con mi madre. 6ª ed. Barcelona: Reservoir Dogs, 2009

Mamá! Quiero un vestido!

Song nº9

"And my feeling burns
Emanating from my fingers
I'm not gonna be there"

After the Storm


I will die alone and be left there.
Well I guess I'll just go home,
Oh God knows where.
Because death is just so full and mine so small.
Well I'm scared of what's behind and what's before.

And there will come a time, you'll see, with no more tears.
And love will not break your heart, but dismiss your fears.
Get over your hill and see what you find there,
With grace in your heart and flowers in your hair.


Nos vemos, Quintín, y me recibirás alzando tu bastón con una sonrisa pura y limpia, como siempre.





 

Wait in the fire

Alphonse Mucha: mucha clase

Forest

I can see the hollow

........................................................................................................and I fall down.

El arte crea su propia realidad: Magritte

Vivimos rodeados de diseño. Siempre encima, abajo o a un lado de productos diseñados. La mayoría de los objetos, importantes o triviales, antiguos o recientes, feos o bellos, útiles o no, están aquí desde que nacemos; nos acostumbramos pronto a ellos, y con ellos aprendemos los usos del mundo. Sólo en condiciones extremas dejamos de acompañarnos por algún objeto; ni el nudista en el campo ni el náufrago en la isla pasan mucho tiempo sin utilizar, desear, imaginar o construir un diseño. Al dormir, comer, trabajar o jugar, utilizamos objetos; hacemos el amor y expresamos nuestro odio utilizando objetos. Nos ponemos el diseño, lo usamos como prótesis de nuestro cuerpo (las gafas, por ejemplo) o de la naturaleza (las presas). Nacemos y crecemos entre objetos; y muchas veces, también, nos mata un diseño.

Iscarabaid


Recuerdo ahora una historia, que no sé si inventada por mi turbia y desbocada imaginación, o fruto de alguna leyenda urbana mal contada. Es la historia de Félix y su eterna condena.

Félix nunca amó. Se protegía bajo una coraza de hierro, con la cual aislaba sus sentimientos.
Se aislaba de la sociedad, de la gente, de su familia, hasta de sí mismo.
Nada conseguía penetrar esta dura coraza, forjada durante años con el más siniestro esmero.
Félix creía que así sería feliz, sin nada que le estorbase, sin nada que le llegara a dañar.
Nada podía penetrar esta dura coraza. Ni la más potente de las balas.
Pero poco a poco fue enmudeciendo. No necesitaba hablar con nadie, ni consigo mismo. Así que poco a poco, olvidó hablar.
Después, y progresivamente, fue perdiendo la vista, el oído, el gusto, el olfato y por el último, el tacto.
Solo existían él y sus pensamientos, turbados por la más oscura y profunda de las negruras.
Su voz interior le repetía continuamente que bajo esta coraza todo estaría bien, que estaría seguro de todo, protegido de todo.

Esta negrura se fue volviendo cada vez más y más negra. Todo estaba cubierto ahora de color negro, hasta su propia voz interior había sido enmudecida por tal negrura. Como un profundo agujero que lo engulle todo, engulló todos sus recuerdos, sus miedos, sus sentimientos, como cadáveres de estrellas apagadas, inertes en la inmensidad del espacio, absorbidas por este agujero negro. La más profunda y oscura de las negruras.
Ya no quedaba nada. No existía nada. El vacío. El negro y frío vacío.

Félix se había protegido de todo. De todo menos de él mismo.